LA EFICIENCIA LABORAL

UN RETO DEL SIGLO XXI

Lograr la eficiencia laboral se ha convertido en un desafío que ha llevado a muchas empresas a replantear continuamente sus procesos productivos y de gestión para alcanzar unos “estándares de calidad” que, de alguna forma, consideran, garantizarán un posicionamiento estable en el mercado. Sin embargo, ha sido la falta de perspectiva en el resultado esperado, claridad en el método para lograrlo y un desconocimiento de los requisitos humanos, lo que ha llevado a que estos cambios terminen siendo solamente documentos robustos de gestión, retóricamente escritos, y orgullo de muchas empresas, que direccionan los procesos de cualquier naturaleza, en etapas, fases y ciclos estandarizados y mecanizados, dejando de lado las cualidades intrínsecas de la participación humana en el quehacer diario, y olvidando que la eficiencia laboral es el resultado de un conjunto de hábitos sanos de comportamiento laboral puestos al servicio del cumplimiento de estos procesos estandarizados de gestión.

En este orden de ideas, no es suficiente con tener estructurados claramente los procesos sino se cuenta con personal psicológica, actitudinal y comportamentalmente preparada para lograr una Relación Bidireccional de Éxito Persona – Proceso - Ambiente, que sea mutuamente satisfactoria y que redunde en el logro de los tan anhelados “indicadores de gestión.”

El objetivo principal de la implementación de una estrategia para lograr la eficiencia laboral debe basar su estructura en el fortalecimiento del equilibrio interno del proceso y el fomento de estilos de trabajo que, de manera interactiva e incluyente, estabilice y desarrollo en los trabajadores componentes emocionales, cognitivos, sociales y motivacionales, que al estar alineados con su accionar laboral, de acuerdo con la naturaleza de su cargo, les genere de manera natural, una sensación de bienestar, felicidad y logro.

De esta manera, cuando un trabajador se identifica ampliamente con su trabajo y el ambiente para la operación de los procesos, la pasión que plasma en su actividad, se ve reflejada en su eficiencia laboral, que no son más que resultados de alta calidad (libres de errores) y cumplimiento de procesos en modo, tiempo y lugar; condiciones estas, que permiten que los escenarios productivos de la sociedad sean realmente empresas psicosocialmente sanas y laboralmente productivas.

 

En este sentido, el establecimiento de estrategias para el logro de la eficiencia laboral, requiere acciones tanto en los procesos como en las personas, siendo estas últimas quienes finalmente pondrán al servicio del proceso todo su potencial emocional, cognitivo, social y motivacional.

 

Desde luego que en la implentación de estas estrategias de logro, enfocadas en la Relación Bidireccional de Éxito Persona - Proceso - Ambiente, la psicoeducación y la formación técnica constituyen la base sobre la que se levanta un modelo aplicable; sin embargo, no son los únicos componentes que lo conforman y por lo tanto su impacto no será suficiente para lograr el éxito. La implementación de esta estrategia requiere de un trabajo constante multidimensional en donde toda la organización, (trabajadores, procesos y ambiente), asumen un rol activo en el establecimiento, implementación, desarrollo y seguimiento del programa; rol activo, que involucra a todos los niveles jerárquicos de la empresa.

Es de saber que, expectativas inmediatistas de resultados con respecto a la implementación de estrategias de eficiencia laboral, no van de la mano con el fomento de hábitos sanos de comportamiento organizacional; por lo tanto, y teniendo en cuenta la integralidad de este enfoque, es el trabajo programado y progresivo el que logra el resultado.

No quiero decir que solo se vean resultados al largo plazo, por el contrario al igual que en la implementación, los resultados se deberán ir viendo de manera progresiva hasta lograr que la estructura organizacional funcional, se levante sobre pilares estables y sólidos con una dinámica de interacción entre las personas y los procesos que le de movilidad a la empresa y le facilite su adaptación a un mundo, donde la economía, los avances y las politicas, la obligan a evolucionar permanentemente para garantizar su permanencia en el mercado.