¿ES EL RIESGO PSICOSOCIAL UNA NECESIDAD DE CUMPLIMIENTO LEGAL O UNA REALIDAD DE SALUD MENTAL?

Recientemente el tema del riesgo psicosocial se ha convertido en mas que una necesidad de salud, una moda legal, en donde las empresas se ven abocadas a cumplir con múltiples estipulaciones normativas y reglamentarias para evitar complicaciones de índole legal que pueden llegar hasta sanciones de alta cuantía. En el ejercicio de mi labor como consultor psicosocial, he visto durante los últimos años, un incremento desproporcionado en casos de trabajadores con psicopatologías, que finalmente han tenido un impacto nocivo en el funcionamiento normal de la organización, en la vida personal, familiar y social de estos trabajadores y también, en altos costos para la empresa.

Sin embargo, es esta necesidad imperativa de cumplimiento legal más el imaginario de supuestos altos costos que estos procedimientos tienen, lo que ha desviado el camino y llevado a las empresas a conformarse solo con la aplicación de un instrumento para identificar las condiciones psicosociales en el entorno laboral, para con ello implementar los planes de acción que, según este diagnóstico, será lo indicado para la realidad psicosocial de la empresa.

Cuan alejados de la realidad se está. Si bien es cierto que la aplicación de la batería para la identificación de factores de riesgo psicosocial da un panorama globalizado de la percepción de las condiciones psicosociales que tienen los trabajadores y permite clasificarlo en niveles de riesgo, no es suficiente para poder determinar la realidad psicosocial de la empresa.

Podrá estarse preguntando porque no es suficiente con la aplicación de este instrumento. Pues bien, es importante resaltar que los instrumentos de evaluación que valoran mediante el autoreporte una percepción, tienen una probabilidad de sesgo; sesgo que puede estar dado por un evento puntual ocurrido antes de contestarlo, por alguna animadversión frente a algún elemento empresarial que los lleva a ponderar sus respuestas de una manera totalitaria, o simplemente porque no se contesta con la atención, rigor y sinceridad que se requiere, entre muchas otras causas.

De esta forma, quedarse solo con la aplicación de este instrumento, es como ver solamente la cara de una moneda para definir si nos gusta o no la moneda. Claro que si es importante aplicar la batería para la identificación de los factores de riesgo psicosocial; resulta ser un excelente punto de partida. Pero teniendo en cuenta que la salud psicosocial es multivariada, con una interacción dinámica permanente, se hace necesario tener en cuenta otras fuentes de información que den un panorama real y completo de esta interacción de variables personales, sociales y organizacionales.

Estas “otras fuentes de información” pueden abarcar desde la implementación de metodologías normalizadas como grupos focales, entrevistas semi estructuradas, análisis de puestos de trabajo, hasta la revisión de información que corresponde a la propia dinámica de la empresa, como indicadores de morbilidad y ausentismo, rotación de personal, reportes de situaciones conflictivas entre trabajadores y con clientes, procesos disciplinarios, entro otros; obviamente realizado por personal competente en el tema y analizado de una manera transversal y cruzada por un equipo multidisciplinario.

Adicional a lo anterior, es necesario tener en cuenta que con aquellas personas que ya tienen una psicopatología, la empresa tiene una responsabilidad solidaria, y por ello debe, de igual manera, realizar los diagnósticos necesarios e implementar las acciones requeridas para evitar que estas condiciones a las cuales se encuentra expuesto el trabajador durante la jornada laboral se puedan convertir en estímulos facilitadores o desencadenantes de crisis que lo pueden llevar incluso hasta el suicidio.

En conclusión, de acuerdo con mi experiencia, el riesgo psicosocial debe ser un foco de atención del sector empresarial que los lleve a implementar programas estructurados y secuenciales de acción, basados en un diagnóstico real y completo que involucren las diferentes realidades psicosociales y que propendan por una salud mental en el entorno laboral. No debe ser visto como una necesidad de cumplimiento legal; es una realidad de salud mental.