DELINCUENCIA Y VANDALISMO: EXPRESIONES DE DESTRUCCIÓN

Resulta incomprensible y doloroso, ver como se destruye en segundos lo que se ha construido durante años; ver a grupos de familias organizarse en brigadas de seguridad para evitar que sus propiedades, bienes y hasta su integridad familiar y personal, sean vulneradas y atropelladas por personas oportunistas que pretenden enmascarar su conducta delincuencial bajo un deseo de cambio socio-político.

Algunas personas opinan que este comportamiento es solo consecuencia de unas necesidades básicas no satisfechas y de unas precarias condiciones de vida, presumiblemente causadas de una manera facilista por otras personas, que para el caso sería el gobierno. Si bien es cierto que las carencias de comodidades de vida actúan como factores desencadenadores de tensión y que estas fuentes de estrés llevan al ser humano a experimentar emociones y motivaciones que los llevan a emitir conductas enfocadas a corregir estos déficits en su calidad de vida, no implica necesariamente que estas conductas tengan que ser delincuenciales o vandálicas.

Las conductas delincuenciales, tienen un sustrato psicológico más profundo y unos mecanismos sociales interrelacionados que propician la aparición de este tipo de comportamientos desadaptativos.

Pero, ¿Como interactúan estos mecanismos? Estudios en Psicología Social y Psicología de la delincuencia han demostrado que mediante la asociación y afiliación de personas que muestran hábitos y actitudes delincuenciales, se contagian recíprocamente emociones negativas, los cuales se suman a criterios personales e individuales de favorabilidad al delito, y se van formando grupos crecientes de delincuentes que emiten comportamientos antisociales, que se refuerzan mutua y diferencialmente de manera temporal dentro del grupo.

Así mismo, estos comportamientos delictivos pueden ir acompañados de acciones destructivas a los bienes y propiedades ajenas sin ningún tipo de consideración por los demás, es decir, un vandalismo carente de cualquier sentido de convivencia o un mínimo de civilización. Comportamientos totalmente salvajes.

Es así entonces, que la culpa de la aparición de conductas delincuenciales y vandálicas no encuentran sus raíces en las carencias de niveles de vida o inconformismos sociales; sus raíces mas profundas se encuentran en características individuales (escasa educación social, falta de control de impulsos, irritabilidad, baja empatía y capacidad de adaptación e incluso hasta patologías relacionadas con baja activación del Sistema Nervioso Autónomo, entre otros) y la manera como interactúa y se adhiere a un grupo con sus mismas características y creencias desadaptativas y tendencias delictivas.

Por consiguiente, resulta inadmisible intentar justificar los comportamientos vandálicos y delincuenciales desde una perspectiva causal de pobreza, necesidades e inconformisos sociales, porque desde este enfoque, estas condiciones de vida precarias o desacuerdos sociales, también podrían actuar como motivadores para emitir conductas adaptativas pro-sociedad para lograr un equilibrio propositivo sin necesidad de delinquir o destruir.