HOMEOFFICE SALUDABLE

MENTE ACTIVA, MENTE SANA

Debido a la situación coyuntural de salud publica y teniendo en cuenta que la permanencia en casa es la única opción que tenemos, considerar mantener nuestra salud mental debe ser una de nuestras prioridades para hacer nuestra estadía en el hogar agradable, saludable y productiva, porque con ello disminuimos la probabilidad de experimentar alteraciones en nuestro estado anímico que pueden a la postre, deteriorar la calidad de la convivencia en casa tanto en el momento presente como a futuro.

Lo primero y muy importante, es cambiar la mentalidad de considerar el estar en casa como estar presos en el hogar. Hemos de verlo como una oportunidad para equilibrar nuestro entorno laboral-familiar para poder asignar adecuadamente a cada área de ajuste (familia y trabajo) el espacio y tiempo que le corresponde.

Si durante nuestra permanencia en el hogar vamos a continuar con nuestras actividades laborales, en una carrera contra el tiempo hemos de ajustar nuestros hábitos de vida a las nuevas condiciones, lo que incluye pero no se limita a:

1. Ubicar nuestro puesto de trabajo en un lugar ergonómicamente saludable donde podamos trabajar de la manera más cercana a la forma cómo trabajamos en la oficina.

2. Mantener una participación activa por medio de los canales de comunicación que tengamos con nuestros compañeros, amigos y familia.

3. Mantener las rutinas que tenemos cuando nos debemos desplazar para la oficina, como por ejemplo, levantarnos temprano, bañarnos, vestirnos, etc.

4. Iniciar y terminar la jornada laboral de acuerdo con los lineamientos establecidos en la empresa, y definir los horarios para las tareas que se tienen programadas tratando de cumplirlos con la mayor rigurosidad posible; sin embargo si se llegase a presentar alguna desviación en la planificación, no debe ser esto una fuente de malestar.

5. Es importante realizar pausas durante la jornada de trabajo en casa, pero pausas que incluyan estiramientos musculares, no es simplemente dejar de trabajar. Es recomendable que estas pausas no se excedan más de 15 minutos para no perder el ritmo de lo que se venía realizando.

6. Establecer límites de horario y espaciales con la familia. Es importante hacerles entender que el hecho de estar en la casa no significa que no se esté trabajando.

7. Para hacer nuestro trabajo productivo, debemos mantenernos alejados de estímulos distractores que pueden hacernos perder tiempo y llevarnos a una autopercepción de poca productividad.

8. Respetar el espacio temporal que hemos asignado para cada área de ajuste, en otras palabras, cuando se esté en el momento de familia evitar trabajar y cuando se esté en el momento de trabajo en casa, trabajar.

9. En los momentos de familia, realizar actividades variadas; no destinar solamente este momento para ver televisión o redes sociales, es importante realizar actividades que involucren una participación activa de todos nuestros cohabitantes, lo que puede ser juegos, organización de alguna parte de la casa, conversaciones sobre temas amables, etc.

10. Evitar sobre-informarnos sobre lo relacionado con la salud publica (corononavirus) y más aun si esta información no proviene de fuentes confiables, científicas y veraces.

11. Cuando hay menores en casa, se les debe incentivar a continuar con los hábitos de estudio asignando tareas o ejercicios relacionados con su nivel educativo y revisar la ejecución de las tareas asignadas.

12. Y por último, pero no menos importante, seguir con rigurosidad las recomendaciones y directrices que nos sean dadas por las instituciones de salud y gobierno.

Si vivimos solos, el ritmo de vida en casa no debe tener una gran modificación con lo mencionado anteriormente, salvo en la interacción presencial con el núcleo familiar, pero para ello podemos hacer uso de los canales de comunicación virtual de los cuales dispongamos y aprovechar los momentos a solas para hacer múltiples actividades como leer, estudiar, pintar, organizar, entre otras, que nos así mismo nos mantendrán activos cuando no estemos trabajando.

Mantener nuestro ritmo de vida lo más cercano posible a condiciones normales facilita nuestra reincorporación a las actividades cotidianas (independientemente del tiempo en que esto se dé), y evita alteraciones en nuestros patrones de sueño, alimentación y disciplina que afectarán posiblemente, a futuro, nuestra dinámica cotidiana de vida.