¿Es el confinamiento el responsable exclusivo de nuestras alteraciones emocionales?

Hablar en estos momentos de crisis emocionales es lo más común puesto que estas situaciones de confinamiento nos han llevado a experimentar estados emocionales alterados como resultado de esta situación de aislamiento que nos obliga a permanecer en condiciones locativas iguales, y en algunas oportunidades incomodas, todo el tiempo. Para muchos este estado de aislamiento nos sumerge en una turbulencia de emociones, en donde la seguridad del encierro se acompaña de impotencia, rutina y aburrimiento en casa. Es entendible que bajo este escenario y con estos pensamientos y emociones encontradas, nuestro estado anímico se altere y nuestra mente busque entender lo que se está viviendo. Por esta razón, muchos empezamos a buscar información en todas las fuentes posibles para hallar la respuesta. Y así, nos saturamos de esta, algunas veces cierta, otras veces falsa, y aumenta la confusión con el agravante que ahora tenemos más información para… preocuparnos más.

Es nuestra percepción selectiva a lo malo y nuestra constante tendencia a quejarnos, la que refuerza este panorama y hace más gravosa nuestra interpretación de esta realidad; y se vuelve común que en nuestra interacción social primen los pensamientos negativos cargados de palabras o frases tales como “esto es terrible”, “que situación tan compleja”, “cada vez estamos peor”,… En estado ideal por cada cinco pensamientos positivos hay uno negativo , pero con la situacion actual de pandemia, el efecto es todo lo contrario. Y realmente si estamos mal, pero no exclusivamente por la situación de confinamiento, sino también por nuestra limitada capacidad para desaprender hábitos y rutinas que veníamos realizando y, aprender nuevos comportamientos y en general un estilo de vida que se acople a la situación actual.

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Por supuesto que se han visto afectados muchas esferas de nuestra vida, empezando por la económica, social y en algunos casos laboral y de salud. Pero no siendo esto una constante generalizada, hemos tenido que implementar cambios significativos en nuestra vida, ahora tenemos mas tiempo con nuestras familias, entonces tenemos más oportunidades para dialogar, comer, ver crecer y en general compartir con ellos; no tenemos que hacer uso de transporte público para hacer diligencias o ir al trabajo (con todos los agravantes que ello trae); no nos exponemos a los trancones de autos, propios de las ciudades, realizamos nuestro trabajo desde casa haciendo uso de la tecnología de la cual dispongamos; hemos tenido que aprender y descubrir nuevas habilidades y destrezas y, adquirir nuevos conocimientos como por ejemplo a usar plataformas online para realizar trámites que antes hacíamos presencialmente; nos hemos visto en la necesidad de desarrollar recursividad y creatividad para solucionar problemas desde casa, entre muchas otras cosas. Entonces, yo me pregunto ¿es realmente esto que estamos viviendo tan malo? Que sucedería con nuestro estado emocional si esta situación fuera al revés y siempre hubiéramos tenido que estar en casa y de repente tuviéramos que empezar a salir; ¿sucedería con nuestros pensamientos y emociones lo mismo?

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